sábado, 17 de febrero de 2018

La paradoja creciente: ¿el turismo puede ser sostenible? un articulo de letreas libres



 El turismo genera empleos —en gran cantidad. De hecho, una persona de
 cada 10 tiene empleos relacionados con el turismo. Cuando se gestiona 
bien, el turismo proporciona un impulso económico increíble a las 
comunidades. Por esta razón, casi todos los países del mundo desean 
expandir su sector turístico e incrementar el número de visitantes.
Una cantidad cada vez más grande de viajeros se inclinan claramente
 su prácticas sostenibles. Muchos destinos tienen estrategias y 
planes para utilizar el turismo como una ayuda para aliviar la pobreza 
y conservar su patrimonio natural y cultural, por ejemplo, mediante la 
creación y gestión de Parques Nacionales y monumentos. Sin 
embargo, casi el 50 % de los sitios declarados patrimonio de la 
humanidad, que son reconocidos por la UNESCO por su valor 
 que impidan sus impactos negativos.
Si la expansión del turismo resulta en más empleos y oportunidades 
económicas, ¿por qué un número creciente de destinos en todo el 
mundo propone o implementa medidas para limitarlo o restringirlo? 
Los destinos como Cinque Terre, Parque Nacional Zion y Machu 
Picchu están limitando la cantidad anual de visitantes. 
Ámsterdam, Barcelona y las islas Seychelles están limitando el 
desarrollo a gran escala. Bután y Venecia cobran impuestos y
 tasas a los visitantes, mientras que lugares como Koh Tachai 
en el Parque Nacional Similan han prohibido el ingreso a la isla 
por completo.
¿Por qué no hay más destinos que se concentren en el rédito
 por visitante en lugar de la cantidad de llegadas internacionales? 
¿Por qué no hay más empresas de turismo invirtiendo en los destinos
 donde trabajan y en los activos de los que dependen sus negocios? 
¿Y por qué la industria en general no aborda activamente estos problemas?

La paradoja del turismo y el crecimiento

Se espera que el turismo mundial continúe creciendo mientras una 
cantidad más grande de aspirantes a viajeros se vuelvan más prósperos 
y sus ingresos aumenten. Se prevé que el sector superará a la economía
 mundial en el transcurso de la próxima década, aumentando en un 
promedio estimado del 4% anual en los próximos 10 años.
No es de extrañar que la mayoría de los destinos quieran un pedazo
 más grande de la torta y creen estrategias para atraer más visitantes
 y obtener más rédito económico. El dinero de los contribuyentes se 
gasta en atraer visitantes y el énfasis se pone en el volumen más que en
 el valor que representa cada visitante para la economía local.
El resultado es que los lugares administrados por los ministerios de turismo,
 organizaciones de marketing y las agencias de convenciones y visitantes 
suelen ser víctimas de su propio éxito. Los viajeros tienden a llegar en 
cantidades cada vez mayores y acuden a los mismos lugares, lo que resulta 
}en problemas como el hacinamiento, el aumento de presión para los servicios 
públicos y las infraestructuras, la homogeneización cultural y la creciente
 insatisfacción de los residentes locales.
También surgen problemas relacionados con los desarrollos propios de
 la industria y las restricciones de capacidad locales, y a esto se debe sumar
 el hecho de que las ganancias no suelen quedar en el destino. Este último 
es el problema más citado: aunque el turismo puede ser una gran forma de 
distribución de la riqueza; a menudo, solo entre el 5 % y el 10 % del 
dinero de los turistas permanece en los destinos que visitan. Estos temas
 deben abordarse para aprovechar plenamente los beneficios del turismo 
mediante un enfoque inclusivo, y la colaboración entre los sectores 
público y privado y las comunidades anfitrionas.
La industria del turismo y los gobiernos deben reconocer que un enfoque 
limitado a la cantidad de turistas genera un problema, ya que crea 
dificultades y efectos negativos que disminuyen la calidad (y el valor) 
de la experiencia tanto para los viajeros como para los visitantes.

El turismo puede ser una industria destructiva

Se podría argumentar que el turismo no puede ser sostenible, que 
la sostenibilidad de la industria es imposible. Los efectos negativos 
sobre el medio ambiente son inherentes a la industria, como la 
emisión de gases de efecto invernadero y la generación de 
residuos, que actualmente son difíciles, si no imposibles, de evitar.
 El turismo también puede contribuir a la escasez de agua y energía, 
la contaminación de las provisiones de agua y de los ecosistemas, debido 
a los desarrollos propios de la industria y a regulaciones ambientales
 débiles o mal aplicadas.
Desde el corte y destrucción de los manglares hasta las excavaciones y 
construcciones, los cambios en el uso de la tierra asociados con el 
turismo dan lugar a la creación de infraestructuras y paisajes artificiales. 
Esto degrada visualmente el valor escénico de los paisajes naturales
 y resulta en un cambio en el medio ambiente, debido a factores como la 
erosión, la contaminación y las fronteras artificiales. Esto, a su vez, 
puede resultar en una mayor erosión y aumento de las inundaciones y 
daños causados ​​por las tormentas, así como en un impacto negativo en 
la migración de la fauna silvestre y sus patrones de reproducción.
El sector turístico atrae una mayor inversión en aeropuertos, aerolíneas, 
ferrocarriles, puertos, hoteles y atracciones, particularmente en áreas 
metropolitanas, sitios del patrimonio natural y cultural, y otros lugares 
y paisajes atractivos. Esto puede ser bueno para el desarrollo económico
 a corto plazo, pero malo para los residentes cuando el desarrollo del turismo
 está mal ejecutado. Históricamente, los pueblos locales e indígenas son
 desplazados o forzados a reubicarse cuando se establecen nuevos parques
 nacionales o patrimonios naturales. Los inmuebles de primera calidad se 
venden a los desarrolladores, y se restringe o limita por completo el acceso
 a las comunidades locales. Aunque se crean puestos de trabajo para la 
comunidad local, estos suelen ser como primer empleo, con salarios muy 
bajos y pocas oportunidades de crecimiento.

El movimiento del turismo sostenible: una respuesta fragmentada

El turismo sostenible puede combatir los efectos negativos y mejorar las vidas 
de la población local, proteger los lugares y ofrecer a los visitantes experiencias 
auténticas. Pero el movimiento de turismo sostenible está tan fragmentado como
 la propia industria.
El intento por lograr un turismo sostenible en la actualidad cuenta con una 
gran cantidad de pequeñas organizaciones y consultores individuales, que 
luchan por realizar proyectos a pequeña escala y con poca financiación, y tener 
algo de éxito. La mayoría de estos participantes de la industria tienen solo uno o 
dos empleados, y las ONG más grandes tienen menos de 25 empleados. 
Se hace más hincapié en la presentación de informes que en cambiar las prácticas 
organizativas u operativas, y el resultado de las iniciativas de sostenibilidad es limitado
 debido a las "limitaciones de recursos". Esto resulta en una gran competencia 
por los limitados recursos disponibles y poca colaboración. Ninguna organización está
 logrando un gran éxito y, a pesar de las buenas intenciones, el impacto acumulativo 
es significativamente menor de lo que es necesario y realizable.
El término turismo sostenible significa diferentes cosas para diferentes personas en la 
industria. Pero al igual que el ecoturismo, el turismo sostenible ha dejado prácticamente 
de tener sentido, ya que a menudo está unido a esfuerzos poco fructíferos y muy 
limitados, en lugar de estar vinculado con los compromisos, estrategias y acciones de
 toda la organización.
Esto es sorprendente, dado que el argumento comercial sobre la sostenibilidad y la 
responsabilidad corporativa en el turismo se hace cada vez más fuerte año tras año. De 
hecho, la ONU declaró 2017 el Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo. 
El turismo figura en tres de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas 
y los 17 objetivos se pueden fomentar mediante el desarrollo del turismo sostenible.
Esto ha dado lugar a una mayor adopción de prácticas que mejoran el desempeño ambiental
 y el bienestar social. Estas prácticas resultan en ahorros significativos, buenas relaciones
 entre los empleados y clientes; y mejoran la motivación y retención de los empleados,
 así como la reputación de la marca. Las empresas que se dedican a estas 
prácticas también se benefician porque atraen a clientes que se preocupan por 
cuestiones de primera plana como el cambio climático, la pérdida de la biodiversidad 
y la desigualdad económica, quienes suelen alinear cada vez más sus gastos 
con sus valores personales cuando consideran que el precio, la calidad y la 
conveniencia son comparables.
Sin embargo, pocas empresas y destinos relacionados con el turismo han 
integrado la sostenibilidad en su ADN operativo. Y aún menos empresas
 están invirtiendo para proteger el manantial del que dependen —los 
destinos en los que llevan a cabo su negocio.
En general, el compromiso del sector turístico con el desarrollo sostenible es
 casi nulo. Es comprensible cuando se considera que el turismo está, como
 la mayoría de las otras industrias, orientado al crecimiento y a obtener beneficios 
económicos, con un enfoque de planificación y desarrollo relativamente
 corto de vista. El objetivo principal es generar un retorno de la inversión 
para aumentar el valor para los accionistas lo más rápidamente posible o, al 
igual que muchos políticos, para apaciguar a los electores e impulsar sus 
probabilidades de ser reelectos.

Implicaciones de un modelo económico lineal y de un

 pensamiento a corto plazo

Las implicaciones de este modelo económico y operativo actual es que en realidad
 nadie obtiene verdaderas ganancias. Saturar los destinos y exceder la capacidad
producen estrés físico en la infraestructura y en los bienes naturales, culturales y 
patrimoniales. La comoditización de los productos y servicios resulta en menores 
márgenes para las empresas dedicadas al turismo. Las atracciones y 
lugares abarrotados disminuyen la calidad de la experiencia de 
los visitantes. Los ingresos altamente concentrados comparados con lo
diversificados, la congestión y la saturación aumentan las percepciones 
negativas del turismo.
El turismo a gran escala está comenzando a generar oposición pública, y las
 tensiones entre los residentes y los turistas están creciendo en muchos de los 
destinos más atractivos, donde la calidad de vida y la calidad de la experiencia 
del visitante se han deteriorado de manera sustancial. Los problemas que 
plantea el turismo crecen con tanta rapidez que se vuelven casi imposibles 
de abordar. Este es un reto social, ambiental y empresarial.

Oportunidad de utilizar el turismo como una fuerza para el bien

Las empresas, los destinos y los viajeros deben ser más conscientes
 y responsables del impacto que ocasionan. Todos tienen un papel
 importante que desempeñar para garantizar que el turismo cumpla su
 promesa de mejorar los medios de vida de las personas y proteger los 
entornos de los que dependen.
Pero los participantes parecen estar perdiendo la oportunidad de usar el 
turismo como un vehículo para el progreso social, ambiental y económico. 
Dado que no existe un único grupo de interesados responsable de generar 
resultados económicos o preservar el patrimonio natural y cultural de 
un destino, se requiere la colaboración entre todos los sectores 
para catalizar el cambio necesario para cuidar los 
destinos turísticos. Se requiere un pensamiento verdaderamente 
innovador de parte de las autoridades de los destinos turísticos y los 
líderes empresariales para poder determinar cómo manejar la cantidad 
creciente de visitantes, abordar las expectativas cambiantes de los viajeros, 
y dar forma y mejorar tanto las experiencias de los visitantes como las del anfitrión.
Existe una gran oportunidad para que las empresas, los visitantes, 
las comunidades y los residentes en los diferentes destinos obtengan
 mayores beneficios del turismo. El uso estratégico de asociaciones 
privadas, públicas y comunitarias, por ejemplo, apoya las estrategias 
del turismo a nivel de destino, faculta a las comunidades anfitrionas 
para proteger sus atracciones turísticas y crea oportunidades para las 
empresas del sector privado y las ONG a lo largo de toda la cadena
 de valor del turismo. El bienestar de los residentes y la experiencia del 
visitante se mejoran en el proceso.
Muchos problemas se pueden resolver a través de:
  •  El uso de metodologías complejas de colaboración e impacto colectivo;
  •  Los principios de la economía circular;
  •  Políticas y planificación basadas en la evidencia;
  •  Simplificación de las regulaciones;
  • Estrategias, como la economía compartida, las empresas orientadas
  •  al mercado y el desarrollo de productos;
  •  Medición del impacto económico, ambiental y social;
  •  Monitoreo y presentación de informes de todas las escalas 
  • espaciales relevantes.
En conjunto, estos esfuerzos apoyarán la toma de decisiones sobre
 la base de datos científicos y ayudarán a mitigar los efectos negativos 
del turismo. Además, pueden reducir la comoditización de lugares hermosos
 e históricos de los que depende la industria del turismo, a la vez de ofrecer 
más oportunidades para los viajeros y las empresas. Cuando se planean 
y ejecutan actividades de viajes y turismo teniendo en cuenta el impacto 
en las comunidades y el comercio, el turismo como industria puede 
estar a la altura de su potencial como gran catalizador para la prosperidad
 económica, social y ambiental.
Publicado originalmente en World Economic Foru
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