El turismo genera empleos —en gran cantidad. De hecho, una persona de
cada 10 tiene empleos relacionados con el turismo. Cuando se gestiona
bien, el turismo proporciona un impulso económico increíble a las
comunidades. Por esta razón, casi todos los países del mundo desean
expandir su sector turístico e incrementar el número de visitantes.
Una cantidad cada vez más grande de viajeros se inclinan claramente
su prácticas sostenibles. Muchos destinos tienen estrategias y
planes para utilizar el turismo como una ayuda para aliviar la pobreza
y conservar su patrimonio natural y cultural, por ejemplo, mediante la
creación y gestión de Parques Nacionales y monumentos. Sin
embargo, casi el 50 % de los sitios declarados patrimonio de la
humanidad, que son reconocidos por la UNESCO por su valor
universal excepcional, no cuentan con planes de manejo del turismo
que impidan sus impactos negativos.
Si la expansión del turismo resulta en más empleos y oportunidades
económicas, ¿por qué un número creciente de destinos en todo el
mundo propone o implementa medidas para limitarlo o restringirlo?
Los destinos como Cinque Terre, Parque Nacional Zion y Machu
Picchu están limitando la cantidad anual de visitantes.
Ámsterdam, Barcelona y las islas Seychelles están limitando el
desarrollo a gran escala. Bután y Venecia cobran impuestos y
tasas a los visitantes, mientras que lugares como Koh Tachai
en el Parque Nacional Similan han prohibido el ingreso a la isla
por completo.
¿Por qué no hay más destinos que se concentren en el rédito
por visitante en lugar de la cantidad de llegadas internacionales?
¿Por qué no hay más empresas de turismo invirtiendo en los destinos
donde trabajan y en los activos de los que dependen sus negocios?
¿Y por qué la industria en general no aborda activamente estos problemas?
La paradoja del turismo y el crecimiento
Se espera que el turismo mundial continúe creciendo mientras una
cantidad más grande de aspirantes a viajeros se vuelvan más prósperos
y sus ingresos aumenten. Se prevé que el sector superará a la economía
mundial en el transcurso de la próxima década, aumentando en un
promedio estimado del 4% anual en los próximos 10 años.
No es de extrañar que la mayoría de los destinos quieran un pedazo
más grande de la torta y creen estrategias para atraer más visitantes
y obtener más rédito económico. El dinero de los contribuyentes se
gasta en atraer visitantes y el énfasis se pone en el volumen más que en
el valor que representa cada visitante para la economía local.
El resultado es que los lugares administrados por los ministerios de turismo,
organizaciones de marketing y las agencias de convenciones y visitantes
suelen ser víctimas de su propio éxito. Los viajeros tienden a llegar en
cantidades cada vez mayores y acuden a los mismos lugares, lo que resulta
}en problemas como el hacinamiento, el aumento de presión para los servicios
públicos y las infraestructuras, la homogeneización cultural y la creciente
insatisfacción de los residentes locales.
También surgen problemas relacionados con los desarrollos propios de
la industria y las restricciones de capacidad locales, y a esto se debe sumar
el hecho de que las ganancias no suelen quedar en el destino. Este último
es el problema más citado: aunque el turismo puede ser una gran forma de
distribución de la riqueza; a menudo, solo entre el 5 % y el 10 % del
dinero de los turistas permanece en los destinos que visitan. Estos temas
deben abordarse para aprovechar plenamente los beneficios del turismo
mediante un enfoque inclusivo, y la colaboración entre los sectores
público y privado y las comunidades anfitrionas.
La industria del turismo y los gobiernos deben reconocer que un enfoque
limitado a la cantidad de turistas genera un problema, ya que crea
dificultades y efectos negativos que disminuyen la calidad (y el valor)
de la experiencia tanto para los viajeros como para los visitantes.
El turismo puede ser una industria destructiva
Se podría argumentar que el turismo no puede ser sostenible, que
la sostenibilidad de la industria es imposible. Los efectos negativos
sobre el medio ambiente son inherentes a la industria, como la
emisión de gases de efecto invernadero y la generación de
residuos, que actualmente son difíciles, si no imposibles, de evitar.
El turismo también puede contribuir a la escasez de agua y energía,
la contaminación de las provisiones de agua y de los ecosistemas, debido
a los desarrollos propios de la industria y a regulaciones ambientales
débiles o mal aplicadas.
Desde el corte y destrucción de los manglares hasta las excavaciones y
construcciones, los cambios en el uso de la tierra asociados con el
turismo dan lugar a la creación de infraestructuras y paisajes artificiales.
Esto degrada visualmente el valor escénico de los paisajes naturales
y resulta en un cambio en el medio ambiente, debido a factores como la
erosión, la contaminación y las fronteras artificiales. Esto, a su vez,
puede resultar en una mayor erosión y aumento de las inundaciones y
daños causados por las tormentas, así como en un impacto negativo en
la migración de la fauna silvestre y sus patrones de reproducción.
El sector turístico atrae una mayor inversión en aeropuertos, aerolíneas,
ferrocarriles, puertos, hoteles y atracciones, particularmente en áreas
metropolitanas, sitios del patrimonio natural y cultural, y otros lugares
y paisajes atractivos. Esto puede ser bueno para el desarrollo económico
a corto plazo, pero malo para los residentes cuando el desarrollo del turismo
está mal ejecutado. Históricamente, los pueblos locales e indígenas son
desplazados o forzados a reubicarse cuando se establecen nuevos parques
nacionales o patrimonios naturales. Los inmuebles de primera calidad se
venden a los desarrolladores, y se restringe o limita por completo el acceso
a las comunidades locales. Aunque se crean puestos de trabajo para la
comunidad local, estos suelen ser como primer empleo, con salarios muy
bajos y pocas oportunidades de crecimiento.
El movimiento del turismo sostenible: una respuesta fragmentada
El turismo sostenible puede combatir los efectos negativos y mejorar las vidas
de la población local, proteger los lugares y ofrecer a los visitantes experiencias
auténticas. Pero el movimiento de turismo sostenible está tan fragmentado como
la propia industria.
El intento por lograr un turismo sostenible en la actualidad cuenta con una
gran cantidad de pequeñas organizaciones y consultores individuales, que
luchan por realizar proyectos a pequeña escala y con poca financiación, y tener
algo de éxito. La mayoría de estos participantes de la industria tienen solo uno o
dos empleados, y las ONG más grandes tienen menos de 25 empleados.
Se hace más hincapié en la presentación de informes que en cambiar las prácticas
organizativas u operativas, y el resultado de las iniciativas de sostenibilidad es limitado
debido a las "limitaciones de recursos". Esto resulta en una gran competencia
por los limitados recursos disponibles y poca colaboración. Ninguna organización está
logrando un gran éxito y, a pesar de las buenas intenciones, el impacto acumulativo
es significativamente menor de lo que es necesario y realizable.
El término turismo sostenible significa diferentes cosas para diferentes personas en la
industria. Pero al igual que el ecoturismo, el turismo sostenible ha dejado prácticamente
de tener sentido, ya que a menudo está unido a esfuerzos poco fructíferos y muy
limitados, en lugar de estar vinculado con los compromisos, estrategias y acciones de
toda la organización.
Esto es sorprendente, dado que el argumento comercial sobre la sostenibilidad y la
responsabilidad corporativa en el turismo se hace cada vez más fuerte año tras año. De
hecho, la ONU declaró 2017 el Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo.
El turismo figura en tres de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas
y los 17 objetivos se pueden fomentar mediante el desarrollo del turismo sostenible.
Esto ha dado lugar a una mayor adopción de prácticas que mejoran el desempeño ambiental
y el bienestar social. Estas prácticas resultan en ahorros significativos, buenas relaciones
entre los empleados y clientes; y mejoran la motivación y retención de los empleados,
así como la reputación de la marca. Las empresas que se dedican a estas
prácticas también se benefician porque atraen a clientes que se preocupan por
cuestiones de primera plana como el cambio climático, la pérdida de la biodiversidad
y la desigualdad económica, quienes suelen alinear cada vez más sus gastos
con sus valores personales cuando consideran que el precio, la calidad y la
conveniencia son comparables.
Sin embargo, pocas empresas y destinos relacionados con el turismo han
integrado la sostenibilidad en su ADN operativo. Y aún menos empresas
están invirtiendo para proteger el manantial del que dependen —los
destinos en los que llevan a cabo su negocio.
En general, el compromiso del sector turístico con el desarrollo sostenible es
casi nulo. Es comprensible cuando se considera que el turismo está, como
la mayoría de las otras industrias, orientado al crecimiento y a obtener beneficios
económicos, con un enfoque de planificación y desarrollo relativamente
corto de vista. El objetivo principal es generar un retorno de la inversión
para aumentar el valor para los accionistas lo más rápidamente posible o, al
igual que muchos políticos, para apaciguar a los electores e impulsar sus
probabilidades de ser reelectos.
Implicaciones de un modelo económico lineal y de un
pensamiento a corto plazo
Las implicaciones de este modelo económico y operativo actual es que en realidad
nadie obtiene verdaderas ganancias. Saturar los destinos y exceder la capacidad
producen estrés físico en la infraestructura y en los bienes naturales, culturales y
patrimoniales. La comoditización de los productos y servicios resulta en menores
márgenes para las empresas dedicadas al turismo. Las atracciones y
lugares abarrotados disminuyen la calidad de la experiencia de
los visitantes. Los ingresos altamente concentrados comparados con lo
s
diversificados, la congestión y la saturación aumentan las percepciones
negativas del turismo.
El turismo a gran escala está comenzando a generar oposición pública, y las
tensiones entre los residentes y los turistas están creciendo en muchos de los
destinos más atractivos, donde la calidad de vida y la calidad de la experiencia
del visitante se han deteriorado de manera sustancial. Los problemas que
plantea el turismo crecen con tanta rapidez que se vuelven casi imposibles
de abordar. Este es un reto social, ambiental y empresarial.
Oportunidad de utilizar el turismo como una fuerza para el bien
Las empresas, los destinos y los viajeros deben ser más conscientes
y responsables del impacto que ocasionan. Todos tienen un papel
importante que desempeñar para garantizar que el turismo cumpla su
promesa de mejorar los medios de vida de las personas y proteger los
entornos de los que dependen.
Pero los participantes parecen estar perdiendo la oportunidad de usar el
turismo como un vehículo para el progreso social, ambiental y económico.
Dado que no existe un único grupo de interesados responsable de generar
resultados económicos o preservar el patrimonio natural y cultural de
un destino, se requiere la colaboración entre todos los sectores
para catalizar el cambio necesario para cuidar los
destinos turísticos. Se requiere un pensamiento verdaderamente
innovador de parte de las autoridades de los destinos turísticos y los
líderes empresariales para poder determinar cómo manejar la cantidad
creciente de visitantes, abordar las expectativas cambiantes de los viajeros,
y dar forma y mejorar tanto las experiencias de los visitantes como las del anfitrión.
Existe una gran oportunidad para que las empresas, los visitantes,
las comunidades y los residentes en los diferentes destinos obtengan
mayores beneficios del turismo. El uso estratégico de asociaciones
privadas, públicas y comunitarias, por ejemplo, apoya las estrategias
del turismo a nivel de destino, faculta a las comunidades anfitrionas
para proteger sus atracciones turísticas y crea oportunidades para las
empresas del sector privado y las ONG a lo largo de toda la cadena
de valor del turismo. El bienestar de los residentes y la experiencia del
visitante se mejoran en el proceso.
Muchos problemas se pueden resolver a través de:
- El uso de metodologías complejas de colaboración e impacto colectivo;
- Los principios de la economía circular;
- Políticas y planificación basadas en la evidencia;
- Simplificación de las regulaciones;
- Estrategias, como la economía compartida, las empresas orientadas
- al mercado y el desarrollo de productos;
- Medición del impacto económico, ambiental y social;
- Monitoreo y presentación de informes de todas las escalas
- espaciales relevantes.
En conjunto, estos esfuerzos apoyarán la toma de decisiones sobre
la base de datos científicos y ayudarán a mitigar los efectos negativos
del turismo. Además, pueden reducir la comoditización de lugares hermosos
e históricos de los que depende la industria del turismo, a la vez de ofrecer
más oportunidades para los viajeros y las empresas. Cuando se planean
y ejecutan actividades de viajes y turismo teniendo en cuenta el impacto
en las comunidades y el comercio, el turismo como industria puede
estar a la altura de su potencial como gran catalizador para la prosperidad
económica, social y ambiental.
Publicado originalmente en World Economic Foru
m
No hay comentarios:
Publicar un comentario